martes 22 de junio de 2010

va de libertad

El burka y el niqab han corrido una larga cortina de humo en muchos países europeos ante el incesante debate sobre su prohibición, pues representan la sumisión de la mujer y la violación de sus derechos en nombre del Islam. Son la agenda setting de todos los medios. Correcto el intento de proteger a estas  personas e intentar darles la mismas condiciones que el resto de los mortales, pero incorrecto es la imposición, la prohibición, la propaganda, la demagogia y la intromisión que está provocando. Esto reaviva y no ayuda a rebajar la tensión que existe actualmente con los inmigrantes en general y sus "derechos" en particular. Este punto de inflexión ha surgido por el malestar general de la ya conocida desaceleración, antes no se veían tantos problemas.  Y esto nos hace pensar que quizá uno no se para a analizar las cosas con detenimiento. Parece que de golpe y porrazo los locales han sido invadidos por otros que pertenecen a ¿otra tierra?, se vive una sensación de violación de los derechos propios cuando los derechos los tenemos todos por igual. Y los gobernantes se dedican a prohibir, cerrar los ojos, castigar y volver a prohibir, porque se sienten con esa capacidad y creen que hablan en boca de todos. Sin pensar que unas costumbres como tales no son fáciles de cambiar, y más si van vinculadas a la religión.

Los controles son buenos para que haya paz social, para evitar que los ciudadanos "propios" no padezcan los "efectos negativos" del fenómeno migratorio (que son los que siempre se resaltan), pero no hay que olvidarse de que el ser humano está aquí, y digo aquí en la tierra, por ser, que sufre evoluciones, cuyo transcurso necesita un tiempo y no le sienta bien las imposiciones, pues rompen con el curso natural de los fenómenos como la inmigración. Dejemos que situaciones como la del burka o el niqab tengan los debates en el seno de sus propios círculos, démosles tiempo a digerirlo y adaptarse porque estoy seguro que no en mucho tiempo se verán a esas chicas tapadas de pies a cabeza infundadas en una minifalda, y sin que se lo hayan impuesto. Sabemos que ante las prohibiciones uno no actúa de la manera esperada, porque también siente su propio derecho y libertad invadidos. Yo no quiero que la mujer musulmana tenga que ir siempre cubierta ante el mundo, pero tampoco creo que la solución sea prohibir e imponer. ¿A alguien se le ha pasado por la cabeza que tal vez esa minoría de las minorías, ante el ataque a dichas prendas, se vean obligadas a pasear dentro de las cuatro paredes de su casa? ¿No resulta insultante que este debate tenga cada vez más trascendencia por motivos electorales? 

Me pongo en la piel de los "dos lados" y sé de primera mano que no es un debate fácil ni efímero, como sé que hay unos que miran por su ventana y se ven increpados, insultados, etc., por los nouvinguts. Pero también sé que hay otra ventana, que nuestra resiliencia puede ir más allá y romper estas barreras sociales que cada vez se ensanchan más y más. Yo soy un musulmán, marroquí, y ciudadano español que ve los problemas que trae consigo dicho fenómeno, lo he visto y lo veo des del punto de vista de las dos culturas, y no estoy defendiendo ni a unos ni a otros, sencillamente estoy diciendo que se pueden ver las cosas de otro forma. lo negativo siempre está, después de lo positivo. Sé que hay problemas, los hay que no se adaptan, los hay que aún sueñan con el Al-Andalus, y que los fanatismos hay que controlarlos y bien, pero no caigamos en la redes de quienes se aprovechan de la situación para unos fines u otros.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con lo escrito, pero creo que te podrías haber mojado un poco más hermanito!