Gracias a J. Saramago, y en un póstumo honor, puedo dejaros este texto que refleja bien la situación definida en la publicación anterior y otras, mi intención se puede mal interpretar y antes de que se me tache de "perroflautas" digo que:
No creo que sea muy bueno que haya una inmigración descontrolada e "ilegal" porque eso no lleva a ninguna parte y, entre otras cosas, porque sus consecuencias nos perjudican a los que estamos aquí legalmente. Sabemos que hay algunos que no son cívicos, otros son delincuentes, otros creen que están en su país y no respetan la cultura de donde están, otros se traen bandas de asesinos, traficantes y mafiosos; pero también estamos los que somos más de aquí que de allí y que nos salpican todas estas "manchas".
No creo que sea muy bueno que haya una inmigración descontrolada e "ilegal" porque eso no lleva a ninguna parte y, entre otras cosas, porque sus consecuencias nos perjudican a los que estamos aquí legalmente. Sabemos que hay algunos que no son cívicos, otros son delincuentes, otros creen que están en su país y no respetan la cultura de donde están, otros se traen bandas de asesinos, traficantes y mafiosos; pero también estamos los que somos más de aquí que de allí y que nos salpican todas estas "manchas".
Yo ampliaría el contexto de este texto a las personas, inmigrantes o no, que están más desatendidas que nunca, entre muchos otros colectivos.
“La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en SER, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuándo nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir QUIÉNES SOMOS PARA LOS OTROS. Para eso sirven los papeles de identidad.
Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).
La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.
La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existiese. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aun así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, esos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y en riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.
Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana”.
José Saramago, 1998


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