estamos acostumbrados a acreditar i/o etiquetar todo lo que nos rodea, incluso a nosotros mismos, ya sea por un motivo social, cultural, o laboral. sí, alguien pensó en ello y añadió el título de becario al organigrama de las empresas: dicho de persona que estudia y realiza unas prácticas dentro de un organismo público o privado, ya sea con retribución económica o sin ella (destacando la segunda opción). Esto es, con el objetivo de ir adentrándose en el mundo laboral, tener experiencia. en este sentido está todo correcto, pues nos permite realizar prácticas y demostrar que uno vale, o no. pero de ahí a que haya empresas u organismos que, antes de iniciar un convenio, te dejan claro sus requisitos: "vienes aquí a trabajar como todos, no queremos a nadie que sirva cafés, tendrás un tutor que te asesorará, etc.etc., pero sobretodo esto: no te pagaremos un duro", hay un pequeño trecho.
esto no es totalmente negativo, está bien siempre y cuando se cumpla con lo que sale de su boca, siempre y cuando, una vez dentro de la empresa, no te dejen en un rincón con un ordenador y decirte, en algún momento del día, que busques la dirección de esto i/o información sobre lo otro, y eso es todo. no estás colaborando en algo real, porque haces lo que a uno le da pereza hacer, te sientas cuatro o cinco horas pensando que qué diablos haces allí, y encima no te pagan. si por lo menos hicieras algo productivo, es irónico porque produces de modo gratuito, pero ni eso, eres el comodín. sin embargo, como en todo, también hay un lado positivo, hay quién sí se da cuenta del posible potencial de uno y le hace sentirse productivo. no generalizo pero sí maximizo. porque muchos de los que creen que si van cogiendo becarios cada tres o seis meses van bien porque van renovando la plantilla sin coste alguno. pero, ¿y si se pensara que algunos de los que se van renovando serian grandes aportes para su empresa? a veces mostrar hacer uso de los códigos morales y éticos salva estas situaciones, y sin coste.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada